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Archivo Tertulia

EN EL BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DE GIUSEPPE VERDI (Roncole, Italia, 1813- Milán 1901)

Junio 15/13
En uno de los bellos auditorios de la Biblioteca del Banco de la República nos reunimos el martes pasado para rendir homenaje a uno de los compositores de ópera más importantes en el desarrollo de esta forma musical y que más ha perdurado en el imaginario de los aficionados y del público en general, por la trascendencia de los dramas humanos que utilizó como argumentos para sus obras, por las hermosas melodías y por el acompañamiento orquestal que según los entendidos, es el perfecto equilibrio entre los instrumentos y la voz humana.

El otro compositor nacido en 1813 es Richard Wagner, sin duda un genio musical comparable a Bach, Mozart o Beethoven y que trasformó la ópera en un espectáculo fantástico, grandioso y magistral: al estudio de su obra le dedicaremos una sesión especial de El Botalón en el 2° semestre. Junto con Rossini y Puccini, estos dos compositores ( Verdi y Wagner ) conforman al grupo que llevó el arte de la ópera a la cima de la perfección. La ópera es el resultado de la fusión de la obra de teatro con el canto. Posee por tanto todos los elementos de los géneros literarios reunidos en la tragedia, el drama o la comedia ( la lírica, la acción, el escenario, el vestuario, la trama o argumento ), le agrega el fondo musical de la orquesta y trasforma el recitado ( los parlamentos del teatro tradicional ) en canciones ( arias, dúos, tríos, coros, etc. ). La ”Ópera in Musica” ( en el idioma latino no existía la tilde ) nace en la Italia renacentista hacia finales del siglo XVI cuando un grupo de artistas ( compositores, poetas, dramaturgos, arquitectos, pintores y escultores ), en la ciudad de Florencia, reunidos en la “Canerata Fiorentina” y liderada por el conde Bardi, intenta reconstruir o recuperar el teatro griego de Esquilo y Sófocles, tal como los arquitectos y escultores habían hecho “renacer” los templos y las obras escultóricas de Fidias, Praxíteles, Lisipo, Escopas, Polícleto y otros más. La partitura de la ópera Ariadna de Monteverdi ( el más sobresaliente compositor de la época ) se perdió, pero una de sus canciones pudo reconstruirse porque el público la memorizó. Es que a partir de este tiempo la ópera se convirtió en un espectáculo inigualable que ganó el favor y el fervor del público ( en menos de un siglo se construyeron en cada ciudad importante de Europa 15 o 20 teatros ) y se ha prolongado por los 4 siglos posteriores, a pesar de quienes pronosticaron su desaparición con el advenimiento del cine y la televisión. Durante el siglo XVII se impone el estilo italiano, gracioso y desabrochado con las obras de Pergolese ( “La serva padrona”, la sirvienta convertida en patrona ) y Cimarosa ( “Il matrimonio segreto” ), pero los franceses, liderados por Lully y Rameau insisten en los temas clásicos basados en la mitología greco-romana, disputa que se conoce con el nombre de “La querelle des bouffons”. Al comenzar el siglo XVIII Rossini ( “El Barbero de Sevilla” ) y Donizetti ( “L’elissir d’amore” ) culminan “il bel canto”, estilo en el que predominaban las hermosas melodías por sobre la debilidad del relato. En la 2ª. mitad del XVIII el romanticismo impregnó todas las artes como una oleada de sentimentalismo y éste es el momento de la aparición del movimiento “verista” representado por Verdi y su sucesor Giacomo Puccini que, por oposición a la grandilocuencia y fantasía desbordada del drama wagneriano basado en la mitología germana, propone que el argumento de las óperas retrate situaciones de la vida real ( concepto al que responde el término “verismo” ), que hable de lo verdadero - “vero” en italiano – y que impacte a los espectadores. ( En una próxima entrega nos referiremos expresamente a la obra de Verdi y a sus características ).