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Archivo Tertulia

CUATRO ETAPAS EN LA VIDA DE DON MARCO FIDEL SUÁREZ

Para comprender la figura política, literaria e histórica del presidente y escritor Marco Fidel Suárez hay que tratar de ubicarlo en el tiempo que le tocó desarrollar su actividad. 

El señor Suárez nace en 1855, en una aldea atrasada de una de las más atrasadas regiones de la Colombia de entonces (a su vez, en el contexto mundial, una nación periférica, lejos de los centros mundiales de decisión): Antioquia.

El país ya estaba enrumbado por los principios del liberalismo económico e ideológico, dentro de la hegemonía mundial del imperio inglés del libre comercio. En 1848, apenas siete años antes del nacimiento del señor Suárez, se había producido en Francia la caída del rey Luis Felipe, que dio origen a la segunda república francesa, dirigida por Lamartine y Louis Blanc.

Esa revolución causó tal impacto en la vida política, social y económica de Colombia, que fue la base de lo que se ha llamado “la revolución del medio siglo XIX”, es decir, la llegada de una nueva generación rebelde al gobierno que hasta ese momento estaba en manos de los próceres que nos dieron la Independencia.

La llegada al poder del recientemente fundado partido liberal que ocurre en 1849, es fundamental para comprender la historia de Colombia.

Empieza entonces la precaria inserción política -aunque no tanto económica ni social- de Colombia en el mundo moderno, dominado por la hegemonía del imperio inglés del libre comercio. Se fundan el partido liberal y el conservador; se produce la libertad de los esclavos, la abolición de las trabas coloniales a la industria y el comercio, garantizadas las libertades de comercio, de empresa, de prensa, que sentaron las bases del federalismo, adaptado al imperio mundial del libre comercio, dirigido por Inglaterra, al que nos habíamos unido, al derrotar entre nosotros al imperio colonial español con nuestra guerra de independencia apoyada naturalmente por los ingleses en su lucha –triunfante- contra ese imperio.

En 1863, cuando el señor Suárez apenas tenía ocho años, se reúne la Convención de Rionegro, que termina la revolución de independencia y da a Colombia una constitución federal, en donde cada región tiene el derecho de manejar autónomamente su propio destino y diseñar su futuro. Es en ese momento que se desarrolla la infancia y la juventud del señor Suárez. Hay que entender eso: el señor Suárez, cuando Colombia se enrumba por el progreso liberal, nace en la región más conservadora política y religiosamente, y más atrasada económicamente del país: Antioquia, que saldrá precariamente de ese atraso y esa condición por obra y gracia de Pedro Justo Berrío, quien en diez años de gobierno, conservador políticamente, por otra parte, pero federal, y sobre todo liberal económicamente, sentó las bases del desarrollo antioqueño y logró poner a la región a la cabeza del país.

Pero en el momento en el que el señor Suárez nace, en la aldeíta que era Hatoviejo, Antioquia era la región de todas las colombianas la más atrasada, dominada intelectual y socialmente por el clero, aunque curiosamente no económicamente (el clero antioqueño no tenía las grandes propiedades que ostentaba en el resto del país y de Latinoamérica), y con una estructura económica campesina retardataria, la tierra en manos de un puñado de terratenientes (uno de ellos su padre), que por reacción produjo la colonización antioqueña. El niño Suárez recibe desde muy temprano el apoyo y la influencia del clero local y eso explica no solo su ideología política, sino su salto de niño aldeano y pobre a funcionario de la administración pública en Bogotá, en el momento, 1886, en que la contrarrevolución conservadora, conocida como la Regeneración, dirigida por Núñez y Caro, derriba el régimen liberal radical federal, en el poder desde 1860.

Suárez recibe en su niñez el apoyo de los sacerdotes Joaquín Tobón, párroco de su pueblo, Joaquín Bustamante y Baltasar Vélez Velásquez, y del obispo José Joaquín Isaza, quienes no solo lo guían en la educación de sus primeros años, sino que le dan recomendaciones para que ingrese en Bogotá en el colegio del Espíritu Santo, dirigido por los líderes conservadores Carlos Martínez Silva y Sergio Arboleda. Allí Suárez completa su formación ideológica iniciada en el Seminario de Medellín y empieza a figurar, a los 26 años, en la élite intelectual bogotana, al ganar el concurso abierto por la Academia Colombiana de la Lengua sobre don Andrés Bello, con motivo del Centenario de su nacimiento.

Podemos ver en la vida de Suárez, cuatro etapas de su desarrollo:

La segunda etapa de su vida transcurre entre ese momento, 1881, y el año de 1900, cuando se desarrolla su actividad administrativa y política en el régimen de la Regeneración, que prácticamente termina con el golpe de Estado que Marroquín da contra Sanclemente, el 31 de julio de ese año, contra el cual protestará Suárez en documento escrito en el libro de posesiones del Ministerio de Instrucción Pública, que ocupaba, porque la falta de libertad de prensa, fruto de su régimen, le impedía que ese documento fuera público. En este segundo período de su vida se convierte en funcionario público de la Regeneración, en jefe político del conservatismo y en notable periodista. 

El tercer período de su vida se desarrolla entre el año de 1900 y 1921, cuando renuncia a la Presidencia de la República. Es la época más productiva del señor Suárez como dirigente político; ocupa casi todos los ministerios, pero fundamentalmente la Cancillería, porque hay que anotar, que la más grande importancia del señor Suárez es su labor como internacionalista, como diplomático, como creador de la doctrina bolivariana y del “respice polum” (mirar al norte), que durante mucho tiempo, aún hoy, guió las relaciones exteriores de Colombia. 

Durante esos años, de 1900 a 1921, Suárez es no solamente Canciller y Presidente de la República, sino que durante todo ese tiempo, adelantó una intensa labor de educación del país, que hasta ese momento todavía sentía la herida de la separación de Panamá. 

Colombia estaba aislada del mundo exterior. La separación de Panamá convirtió al país en una ínsula que realmente no tenía casi relaciones con el resto del mundo. Terminada la hegemonía mundial del imperio inglés del libre comercio, con el que estábamos sintonizados por la política liberal y económica federal, y a pesar de nuestra fatal inscripción en el nuevo modelo hegemónico mundial liderado por los Estados Unidos, estábamos aislados de este por nuestro conflicto por Panamá. Si tenemos en cuenta lo pobre que era Colombia, una nación sin desarrollo económico moderno alguno, sin acceso a los capitales internacionales, sin contacto prácticamente con el comercio mundial, podremos comprender su aislamiento, su carácter de país, seudopaís, en la periferia del poder mundial. Suárez se dedicó a tratar de sacar de esa situación a Colombia, y por eso, adelantó tres tareas fundamentales: 

La primera: normalizar las relaciones de Colombia con la mayor potencia del mundo, Estados Unidos, por medio del tratado Urrutia-Thomson. 

La segunda: modernizar el aparato administrativo del país, que prácticamente estaba desmantelado desde la guerra de los Mil Días. 

Y la tercera, trabajar fuertemente por la introducción a Colombia de capitales extranjeros, pero reglamentando seriamente su actividad en el país con medidas progresistas de defensa de la soberanía económica y de los recursos naturales. Era la única posibilidad de desarrollo, dentro de las nuevas condiciones mundiales impuestas por el imperio norteamericano, sucesor del inglés. 

Eso se logró, en buena parte con el tratado Urrutia-Thomson, que abrió a Colombia a la inversión internacional y por el cual se entregó a Colombia una indemnización de 25 millones de dólares por la pérdida de Panamá, que serán recibidos por Colombia en el gobierno del general Pedro Nel Ospina, quien los invertirá en la construcción de la infraestructura vial del país, con no pocas críticas por esta inversión. 

Esa tarea política nacional e internacional le produjo al señor Suárez, naturalmente, muchos problemas internos, muchas incomprensiones; es la raíz de la idea que se tiene en algunos sectores, de que el señor Suárez era simplemente una especie de esbirro del imperialismo yanki. A pesar de su indecisión respecto al imperialismo norteamericano, no hay tal. 

A este respecto, es importante señalar la carta que dirige el 28 de febrero de 1920 a la legación colombiana en Washington, en el cual dice al Dr. Urueta, encargado de la Legación, y publicada en el importante libro de Marco Palacio y Frank Safford, “Colombia país fragmentado”, pág. 518: “A Colombia le convendría tal vez negociar directamente con Panamá límites, deuda y relaciones. Así satisfaríanse grandes necesidades, aunque se olvidaran los 25 millones, equivalente hoy a mucho menos en otro tiempo (...) Si se lograra que los panameños reconocieran límites y estipulaciones referentes a deuda y lo demás, nada importaría dejar de pensar en dinero y hasta quedaría mejor el honor nacional. Colombia entonces podría decir: Fui despojada, insultada y burlada indefinidamente y no quiero seguir en semejante expectativa. Esa conducta de absoluta prescindencia sería un acto decoroso y la sanción tácita contra una de las más grandes injusticias inferidas a una nación débil por una nación prepotente e inicua”. ¿Habla así un esbirro del imperialismo? Pero los intereses políticos internos enemigos de Suárez no le dejaban ningún margen de maniobra y, en su indecisión, siguió en la tarea de defender el tratado Urrutia Thomson. 

Cuando estalla la primera guerra mundial en 1914, que es la guerra en la cual las grandes potencias tratan de redistribuirse el mundo, porque Alemania estaba separada de esa distribución y buscaba por medio de la guerra, lograr un pedazo de la tajada imperialista, el señor Suárez era Canciller de la República y en lugar (como hicieron otros países latinoamericanos) de alinearse sin ninguna condición con los Estados Unidos, declara la neutralidad del país en esa guerra mundial. 

¿Por qué declara la neutralidad? Primero, porque no estaba de acuerdo con el estallido de la guerra, y no estaba de acuerdo en buena parte porque era más amigo de Alemania, que de los Estados Unidos. Además, para seguir las orientaciones del papa Benedicto XV en su calidad de católico ferviente. 

Él veía con claridad que los Estados Unidos, como lo había comprobado con la separación de Panamá, eran una amenaza para los países latinoamericanos y que más fácilmente había posibilidades de desarrollo para éstos países con Alemania, que con los Estados Unidos, como lo comprobaban sus avances en la aviación y las telecomunicaciones y sus aportes a Colombia en esas industrias básicas. 

La negociación y firma del tratado Urrutia-Thomson, es el factor que causa su caída. 

Laureano Gómez y Alfonso López Pumarejo adelantan una terrible campaña de difamación, en parte con ataques personales al señor Suárez, con el fin de boicotear la firma del tratado Urrutia-Thomson, pero finalmente aceptan su retiro de la presidencia de la República, a la que no renuncia, porque él continuó siendo el Presidente titular, aunque no quiso nunca retomar el mando. Ese retiro de la Presidencia, en noviembre de 1921, se produce con la condición, primero, de que se eligiera en su reemplazo al designado por él propuesto, el general Jorge Holguín; segundo, que se continuara en el parlamento la discusión de las acusaciones lanzadas por Laureano Gómez, condición que no se cumplió en ése momento, pero que se cumplirá seis años después, cuando la Cámara misma declara que el señor Suárez es inocente de los cargos que Laureano Gómez le ha hecho; y tercero, que se apruebe el tratado Urrutia-Thomson, que normaliza las relaciones del país con los Estados Unidos y permite el ingreso de los capitales norteamericanos a la explotación petrolífera y a otros rubros económicos del país. 

Ese comienzo de la entrada de Colombia a la modernidad económica, sometida hasta allí al más absoluto aislamiento internacional al que nos había condenado la Regeneración, es el fruto político económico más importante de la actividad de Suárez. Es también el ingreso definitivo de Colombia al área de influencia de los Estados Unidos que ya había marcado su dominio imperial con la separación de Panamá para poder construir el Canal y numerosos actos de auténtica piratería en otros países de América Latina, convertida en su patio trasero . 

Pero no solamente hace eso como presidente de la República: cuando le toca enfrentar el incipiente movimiento obrero bastante combativo, el gobierno del señor Suárez declara la legalidad de las huelgas, derecho hasta ése momento desconocido en el país, aunque en términos generales siga la política de su partido, el conservador, respecto al problema social, que pretende solucionar, ingenuamente, con la caridad cristiana, haciendo honor a su religiosidad y formación intelectual. 

El señor Suárez en su gobierno, no solamente impulsa las vías de comunicación, sino que introduce el telégrafo inalámbrico, la posibilidad de conectarse directa e inmediatamente con Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Alemania; eso, ahora en la época del Internet y de las grandes cadenas noticiosas como CNN, puede parecernos de poca importancia, pero antes de la introducción de las comunicaciones inalámbricas, una comunicación con Londres duraba 3 semanas; ¡ahora dura menos de 3 segundos! 

Desde 1865, en el gobierno de Manuel Murillo Toro, en Colombia, y de Pedro Justo Berrío en Antioquia, teníamos el telégrafo eléctrico cuyos mensajes eran transmitidos por alambres físicos y por cable, pero el radio telégrafo inalámbrico, que permite una mayor velocidad de las comunicaciones, solamente se logra en el gobierno del señor Suárez. 

El señor Suárez, además, inicia la aviación en el país, por eso la base aérea de Cali se llama Marco Fidel Suárez, porque los miembros de la Fuerza Aérea Colombiana saben perfectamente que él es el creador de esa arma y del reconocimiento de la importancia de la comunicación aérea. 

Esa es pues, la tercera etapa de la vida del Señor Suárez y la que tiene mayor importancia política y administrativa. 

Pero la cuarta es la que tiene una mayor calidad intelectual y literaria. Ella se desarrolla desde su retiro de la presidencia de la República en noviembre de 1921, hasta el 3 de abril 1927, fecha de su muerte

Inicia entonces la publicación de “Los sueños de Luciano Pulgar” que tiene como base, claro está, su defensa de las acusaciones que le hace Laureano Gómez en ese tiempo y sobre todo, en un hecho muy importante en la vida personal del señor Suárez: él había escrito un folleto, “Honores y deshonra”, con el fin de responder a esas acusaciones tantas veces mencionadas. Introdujo los originales de ese folleto para su publicación a la imprenta de los salesianos, que eran de su confianza; y de la imprenta, por arte de no se sabe qué argucias, el señor Laureano Gómez se roba los originales del folleto y lo publica a su amaño con una serie de tergiversaciones sobre la realidad de lo escrito. Es decir, no solamente le roba los derechos intelectuales sobre una tarea literaria que había desarrollado, sino que además, lo utiliza como un arma contra el propio autor, el señor Suárez. Por lo tanto, éste inicia la publicación de “Los sueños de Luciano Pulgar” denunciando ese hecho y publicando el texto verdadero, original, del folleto “Honores y deshonra”. 

Ese es el origen de “Los sueños de Luciano Pulgar” que son publicados en el periódico de mayor circulación en el país, en ese entonces, el Nuevo Tiempo, en entregas semanales de dos páginas del periódico. 

Publicará 173 sueños sobre los más diversos temas: historia, filosofía, política, defensa de su gobierno, divulgación de los aspectos principales de su vida, un sueño dedicado a su municipio de origen, Bello, el sueño del Padre Nilo, un sueño dedicado a la exposición de lo que había sido su gobierno. Estos sueños dedicados a temas filosóficos y gramaticales de gran profundidad, son reunidos en 12 volúmenes que conformaron su tarea intelectual, por lo cual lo recordamos fundamentalmente. 

En resumen, el señor Suárez es importante, claro, porque fue Presidente de la República, y fue un buen presidente dentro de las limitaciones del régimen del que formaba parte, pero fundamentalmente, porque fue el mejor analista de la política internacional (se dio cuenta de que el mundo había salido del imperio inglés del libre comercio y entrado a la hegemonía del imperio dirigido por los Estados Unidos), creó la Doctrina Bolivariana, fijó los límites de Colombia con sus vecinos y desarrolló una tarea intelectual inmensa con “Los sueños de Luciano Pulgar” y sus otras obras. 

Es realmente asombroso que un individuo que pasó casi toda su vida como alto funcionario de la cancillería y actuó poco más de tres años como presidente de la República, tuviera tiempo de estudiar los más intrincados problemas de la gramática y la filología y que profundizara en ello y tuviera tiempo de escribir por lo menos diez mil páginas, aparte de los numerosísimos artículos de periódicos, porque fue un periodista muy activo. 

¿Cuántos intelectuales colombianos han escrito siquiera mil páginas? Y es una obra de la más alta calidad, para no hablar de la profundidad teológica y de la ortodoxia de su magnífica “Oración a Jesucristo”, pronunciada con motivo del Congreso Eucarístico de 1913; y del “Castellano de mi tierra” y de las obras sobre la gramática de don Andrés Bello. 

En resumen, pues, el señor Suárez es uno de los más grandes intelectuales, filólogos y gramáticos del país. Es el creador, el sustanciador de su política internacional durante, por lo menos, cuarenta años y es el presidente en cuyo mandato se introdujo a Colombia –precariamente, como no podía ser de otra manera- la modernidad, aunque él no estuviera muy de acuerdo con ella por su formación religiosa, filosófica e intelectual. Ese sería el resumen de una vida de gran esfuerzo personal, de un hombre nacido de la entraña misma de nuestro pueblo y que llegó a los más altos sitiales que la democracia colombiana ofrece a sus hijos.