Fuerte y firme en sociedad por el Huila

Archivo Tertulia

EN EL RECUERDO DE NUESTRA PROPIA HISTORIA

Esta semana en nuestra Tertulia se trató de manera magistral un tema histórico que se vuelve de palpitante  actualidad porque se describió en forma prolija y muy agradable aspectos de la vida de un excelente líder social y empresarial de nuestra región como lo fue don Oliverio Lara Borrero y que será motivo de nueva reunión dada su trascendencia y abusando de la generosa colaboración de nuestro invitado el historiador Orlando Mosquera quien ha elaborado una crónica espectacular sobre este personaje  Coincidencia histórica o no pero hace 63 años una hija de don Oliverio  llamada Olga representaba al Huila en el reinado de Belleza de Cartagena. Preciso cuando se desarrolla la Feria Artesanal de Pitalito cuyas raíces históricas se remontan hace casi dos siglos cuando don Leonidas Lara, padre de don Oliverio tuvo la administración de la gran hacienda de Laboyos que se puede considerar fue el epicentro económico del municipio de Pitalito. Pero si en algo trasciende el mensaje de su análisis histórico es que fue un visionario desaprovechado por la generación que lo vio surgir y triunfar. Da grima encontrar nuestra región y nuestro país apenas abriendo rutas  al Sur del continente  y redescubriendo el valor estratégico de los ríos y ferrocarriles cuando hace mas de sesenta años el visionario líder ya lo había advertido, promovido y ensayado cuando quiso por sus propios ojos navegar ríos y trasegar el inmenso continente verde que nace al sur de nuestros linderos territoriales. Sus empresas todas fueron de particular liderazgo abriendo brechas y dando ejemplo de audacia empresarial. En el transporte, en el ramo automotriz, en la ganadería, en la avicultura, en la agricultura, en el comercio exterior, en las finanzas, en el sector público, en todos los negocios y frentes de trabajo que  desarrolló hubo una particular combinación de eficacia, honorabilidad y servicio que su  nombre y apellido se convirtieron en paradigma del empresariado colombiano en corto tiempo, heredando las virtudes y saberes que su padre Don Leonidas Lara ya había lucido con lujo en la región del sur colombiano. Pero quizás de su legado reciente impresiona de manera especial su sabia concepción de la agroindustria combinando los mejores aportes tecnológicos que pudiese traer del exterior como  lo fueron nuevas razas ganaderas y el desarrollo integral en el aprovechamiento y selección de las mejores tierras, semillas y razas. No por azar su proyecto preferido fue la inmensa hacienda de Larandia en el Caqueta señalando con su accionar empresarial el que debía ser y será el mas importante polo de desarrollo agroindustrial en el futuro cercano. Llena de estupor, indignación y dolor patriótico su trágico final en crimen que debiera ser condenado como de lesa humanidad por las características de inmensa civilidad y liderazgo nacional de la víctima. Pasaron los años y el país se arrojó al abismo de la violencia incitado por los odios pasionales de los partidos tradicionales y alimentados por la brecha social que generó una nación con los mayores índices de desigualdad en el mundo. La confrontación internacional tomó posiciones en la población y en las instituciones y la barbarie caracterizó nuestra guerra. No se respetó principio alguno y la degradación no solamente llenó los cementerios y fosas ignotas de cientos de miles de víctimas sino que sirvió también para que se incubara y floreciera el fenómeno del narcotráfico que transformó los códigos morales de esta nación en estridentes estribillos de mariachis trasnochados. Todo ese pensamiento generador de energía, progreso y riqueza de lideres como Oliverio y tantos otros apenas subsistió en la memoria histórica de escasas instituciones y claro está , en sus familiares más cercanos.. Por ende un país descuadernado no podía sino ser plato suculento de la corrupción y el clientelismo que terminó azotándonos como una de las siete plagas bíblicas.  Los esfuerzos de los gobernantes y líderes políticos que se han empeñado en la reconstrucción de este país sobre la base de un gran acuerdo son una ilusión con pertinencia y justificación histórica. Los grandes problemas requieren grandes soluciones y la historia es pródiga en ejemplos. Pero el camino no es fácil y está lleno de trampas y enemigos de toda laya. A diestra y siniestra. Ese país visionario como moderna utopía que soñara Don Oliverio deberá hacerse realidad en la medida que desarmemos los espíritus y busquemos los paradigmas de servicio, eficacia, honorabilidad en la configuración del soporte jurídico e institucional que  tendrá que soportar el inmenso esfuerzo de reconstrucción que significa el postconflicto. La polarización ideológica y partidista que se genera alrededor será bienvenida como expresión democrática sólo en la medida que conserve un auténtico sentido constructivo. De allí que ahora que se comienzan a acercar nuevos comicios electorales la comunidad debe tener una categórica exigencia de compromiso en esta tarea histórica  en la selección de sus distintos candidatos. Colombia se está jugando su destino en la conciencia de cada uno de nuestros conciudadanos y la sociedad civil debe aportar propuestas y soluciones. Ojalá el estudio de nuestros prohombres que muchos si hemos tenido,  pero también olvidado nos permitan acercarnos a sus enseñanzas de vida para elaborar nuevos códigos de civilidad y tolerancia.