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Archivo Tertulia

JUAN SEBASTIÁN BACH, POR SIEMPRE

Después de los compositores del Período Clásico ( Hayden, Mozart, Beethoven, 2ª. mitad del s. XVIII ) y de los del Romántico ( Schubert, Brahms, Wagner, Tchaikowsky, s. XIX ), son los compositores del Barroco ( Vivaldi, Haendel, Bach, s. XVI, XVII y 1ª. mitad del XVIII ) los que mantienen el fervor y la admiración de los oyentes de esta clase de música que preferimos llamar Universal para no usar los términos inapropiados de Culta o Clásica. La música del Barroco posee un mágico atractivo pues su audición recrea en nuestro cerebro un ambiente de plenitud, de sofisticación y encanto que invitan a la reflexión y llenan de satisfacción, tranquilidad y alegría al inconsciente.

Y queremos referirnos específicamente a Bach cuya obra musical parece asociada con lo místico, con los espacios de nuestra actividad o cotidianidad dedicados a recordar las verdades trascendentales en que se fundamentan nuestras creencias religiosas, por lo cual es común escucharlas radiodifundidas en la época de Semana Santa.





Por eso el martes pasado ( 4 de nov. ) pudimos por fin encontrar el momento propicio para reinventarlo y recuperar la solemnidad y sonoridad de sus piezas, desde las más sencillas pero maravillosas, como la cadenciosa “Aria para la cuerda en Sol” de su Suite Orquestal No. 3 ( la melodía más repetida de toda su producción en las grabaciones de que disponemos hoy día ), la envolvente línea melódica para la flauta en la “Badinerie” de su Suite Orquestal No. 2, y los elementales pero inolvidables Minuettos 1 y 2 del “Cuaderno de Apuntes de Ana Magdalena”, hasta las complicadas pero sorprendentes fugas compiladas en su libro “El Arte de la Fuga”, la más famosa de las cuales es la Toccata y Fuga en Re menor”, popularizada aquí en Colombia por el programa televisivo “El Minuto de Dios”, o las casi celestiales Cantatas “Jesús, alegría de los hombres” ( No. 147 ), “Despertad, Durmientes” ( No. 140 ) o la tristísima Coral Final de la “Pasión según San Mateo”.

Nacido en Eisenach en 1685 y muerto en Leipzig ( 1750 ) 65 años después, ( ciudades pertenecientes a la Alemania actual, pero en ese tiempo a la última etapa del denominado Imperio Romano Germánico ), hizo parte de una familia dedicada a la música por varias generaciones ( incluyendo a 3 de sus descendientes que sobresalieron también en esta rama del arte ) y desempeñó durante gran parte de su vida el oficio ( o mejor la profesión ) de organista en diversos templos de diferentes ciudades, entre las cuales la de mayor recordación es la de Sto. Tomás en Lepzig ), pero a la vez ejercía funciones de maestro en la escuela del ayuntamiento y debía componer una obra nueva por mes, según rezaban las cláusulas de su contrato. Se calculan en cerca de 1.300 sus obras conocidas, pero sus biógrafos aseguran que pueden haberse perdido muchas otras, como lo atestigua el caso de sus hoy día famosos Conciertos de Brandeburgo o Brandenburgo que permanecieron durante casi 2 siglos en la biblioteca de esta familia y fueron hallados por casualidad a comienzos del XX 

Detalle significativo que vale la perna mencionar a este respecto es que a pesar de las varias cartas de Bach al conde de Brandeburgo en que le suplicaba el pago de su trabajo, la obra nunca se le pagó. Y este hecho marca la diferencia del status económico o estrategia laboral del compositor del Período Barroco, quien debe contratarse al servicio de la nobleza como integrante de sus grandes, medianas o pequeñas orquestas particulares, mientras el compositor del Período clásico goza de una holgura económica envidiable: Mozart y Beethoven vivirán, por ejemplo, de los contratos que sus pudientes admiradores les pagaban con meses y hasta años de anticipación.





El legado de Bach es inmenso, no solo por el número de obras y por su tamaño, sino por la calidad y perfección de cada una de ellas. Bach es causa y efecto de las características esenciales de su época, factor y resultado de la época del racionalismo iniciado con el “libre examen” de Lutero ( aunque Bach se mantiene dentro del más acendrado catolicismo impuesto por la Contrarreforma ) y del “Pienso luego existo” de Descartes. Por ello algunos comparan las piezas de Bach con una ecuación algebraica, en la que las modulaciones se rigen por reglas preestablecidas, fruto, claro, de su genialidad, pero también de su técnica y de su larga experiencia. 

Y mencionemos en 2° lugar su contribución a la difusión e implantación de la Escala Diatónica: aunque no es el inventor de dicha escala ( es un músico anterior de apellido Stamitz ) Bach dedica toda su obra a demostrar la conveniencia y practicidad de ella en comparación de las escalas heredadas de los “modos” de la música griega y de la monodia pentafónica gregoriana. No solo por su precisión y por el conjunto de relaciones tonales a que daba lugar sino también por la simplificación de los teclados a que condujo generando una mayor rapidez en la ejecución, la Escala Diatónica se convertirá en el cimiento de la música occidental hasta tanto no se imponga en el siglo XX la Escala Dodecafónica.

Y por último, la Polifonía, basada en el arte y ciencia del Contrapunto, llega con Bach a su más elevada y sublime expresión, a tal punto que a partir de él la Polifonía ( varias melodías paralelas y simultáneas ) es sustituida por la Homofonía ( una línea melódica acompañada por una consonante armonía en los demás instrumentos de la orquesta ), no solo por la eficacia y claridad que este nuevo arte alcanzó, sino porque nadie pudo ya superar el nivel de perfección que Bach le dio.

Al morir Bach ( en sus últimos años estuvo ciego y fue su 2ª. esposa, Ana Magdalena quien le sirvió de copista para seguir componiendo y curiosamente recobró la vista pocos meses antes de su deceso ), su música cayó en el olvido. Solo pudo conocerse posteriormente gracias a la labor de divulgación de un gran compositor del siglo XIX, admirador y profundo conocedor de su obra, Félix Mendelssohn Bartholdy, quien con su propia orquesta llevó la música de Bach por muchas poblaciones de Alemania y algunas ciudades europeas: gracias a él disfrutamos de las fugas, cantatas y demás melodías de Bach que no nos cansaremos de admirar.

ADENDA: Escribimos estas líneas con un hondo pesar en el corazón por el fallecimiento inesperado de Maritza Liévano de Mejía, hermana de nuestro apreciado presidente de la Tertulia El Botalón, Dr. Germán Liévano Rodríguez y esposo de otro contertulio y amigo, el Dr. José Fernando Mejía, a quienes les reafirmamos nuestra solidaridad y con quienes deseamos compartir el dolor de esa imborrable ausencia.