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PARA EL DIARIO DEL HUILA domingo 18 de enero

LA DESIGUALDAD EN COLOMBIA : UN DETONANTE SOCIAL

Cuando recién amanece el nuevo año miles y miles de compatriotas miran hacia el cercano futuro oteando en busca de oportunidades para que esta bella nación emprenda de una vez el camino de la prosperidad y se aleje del  macabro legado de una guerra fratricida incoada en la disputa partidista y alimentada por la desigualdad social, la corrupción, el narcotráfico y la ambición desmedida. Todos entendemos que sin paz no habrá verdadera apertura hacia la prosperidad, pero la paz de las armas no reemplaza la paz social. Hoy en día, más que nunca antes, la desigualdad social y económica no sólo en ingresos económicos sino en oportunidades empobrece por completo el panorama del futuro nacional.

El año pasado  visitó el país  Robert Boyer, investigador francés y especialista en economía, inspirado por el Francés Thomas Piketty y su libro  El Capital en el Siglo XX  para hablar sobre los actuales procesos económicos por los que atraviesa el mundo y Colombia. Sustentándose en cifras y tendencias  demuestra que la brecha entre el capital y los trabajadores aumenta en forma continua y abarca todos los ámbitos de poder en  el mundo entero, pero con mayor severidad aquellos donde tiene tanto peso el trabajo informal y se conjugan otros factores sociales, como en Colombia. Además advierte la cercanía de un desastre ambiental total por la indiferencia  de los empresarios ante la necesidad de salvaguardar los ecosistemas predominando esta situación en los países subdesarrollados donde será realmente caótica la situación en poco tiempo.  

Colombia ocupa el puesto 12 entre 168 países del mundo, por la mayor desigualdad del ingreso, de acuerdo con el Informe sobre Desarrollo Humano que acaba de presentar en Japón el año pasado el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).  Y en cuanto al Índice de Desarrollo Humano ocupamos el puesto 98 en los dos últimos años.  Estas alarmantes cifras nos permiten dimensionar el desafío que significa obtener al tiempo la paz social y la paz de las armas, lo cual no será posible en un corto tiempo y para lo cual tendrían que darse reformas significativas que no podrían generarse sino por la acción decidida de partidos políticos fuertes que conciten institucionalmente una visión social para la reconstrucción del país. Según las cuentas del investigador del PNUD Alfredo González, “en Colombia la clase media está integrada por 13 millones de personas, los pobres son 16 millones y hay 18 millones de ciudadanos que son la gran preocupación, pues están en condición de vulnerabilidad, con riesgo de caer, regresar o permanecer en la pobreza”. Eso es, ni más ni menos, un caldo de cultivo social con amplia posibilidad de detonar en cualquier momento, si no se dan los pasos necesarios para cerrar la brecha.

En concepto del Profesor Boyer la única salida verdadera es lograr a través de le educación un ascenso social y económico progresivo que dé oportunidades a los más desvalidos. Esta tesis que se dice contenida en el Plan de Desarrollo en Colombia con el objetivo de crear el país más educado del continente, sería entonces una meta deseable y nada utópica si se dan las condiciones, pero es lógico que tendría un alto costo, a sufragarse  de manera equitativa entre todos los estratos sociales.

Allí ´es donde se comienza a vislumbrar la exigua capacidad de sacrificio de nuestra clase dirigente, que ante las tímidas pretensiones de equidad de la pasada Reforma Tributaria del gobierno Santos, se deshace en lamentos farisaicos por el ínfimo aumento del impuesto a los más pudientes. Según cifras del Dane de 2013, 32% de la población es pobre, es decir que gana menos de $206.091 mensuales y  solo el 2,4% de los colombianos tienen ingresos superiores a $2,7 millones al mes, de acuerdo con el Banco Mundial. Una investigación de Ana María Ibáñez, decana de economía de la Universidad de Los Andes, revela que para 2010, el 77,6% de la tierra estaba en manos de 13,7% de los propietarios y el Gini de tierras llegaba a 0,86. El estudio revela que además la situación empeoró desde el 2000, cuando la relación era de 75,7% en manos de 13,6%. (Vanguardia.com julio 2014) La medición tradicional de desigualdad es el Coeficiente de Gini, en el que 0 es la perfecta igualdad y 1 es desigualdad total. En éste Colombia se mantiene en 0,5, convirtiéndose en el tercer país de la región, después de Haití y Brasil.

La lectura e interpretación de estas cifras no puede ser menospreciada ni por el más obtuso y abyecto defensor del gran capital. Estamos en urgente necesidad de buscar una paz social, para lo cual sería igualmente imprescindible crear un alto comité de concertación y estudio, con participación de la academia y los partidos, donde se diseñe un plan armónico de desarrollo sostenible, mediante el equitativo manejo de los recursos. Recursos sí existen, pues nada más en el año 2014 se destinaron más de 46,7  billones para desarrollo social, muchos de los cuales se malgastaron por corrupción, por improvisación y por falta de planeación.

En educación, que era la meta más importante, se logró una ampliación de la cobertura, pero con índices de calidad vergonzosos. De acuerdo a lo expresado por el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz en su magnífico texto “El precio de la Desigualad”, el 1% de la población tiene lo que el 99% necesita. Su argumento, basado en un análisis profundo y meticuloso; demuestra que el esquema económico mundial ha fracasado en su intento de frenar la desigualdad, pues el esquema de libre mercado basado en el crecimiento económico  y en los índices de Producto  Interno Bruto y per capita, aumenta la desigualdad entre la población, evitando la suficiente cohesion social que genere bienestar para todos.  Hoy la reflexión debe darse en los términos de buscar modelos de desarrollo que contemplen la justicia social como elemento básico