Fuerte y firme en sociedad por el Huila

Archivo Tertulia

OTRO SAMPEDRO IMPROVISADO E INSEGURO

El Sampedro que acaba de terminar no fue distinto a los de los últimos años; nada ha mejorado, quizá sí empeorado, y la improvisación, como todos los años, fue la nota principal. ¡Llevamos 52 años improvisando un festival y un reinado y todavía no hay ninguna experiencia distinta a la acumulada por ciertos particulares expertos en exprimir al pueblo y al presupuesto oficial puesto a su servicio para contratar artistas foráneos y despreciar a los propios! Es ya tradicional también que en las dos o tres semanas ulteriores al festival lluevan las críticas, que nadie atiende y luego se olvidan para reincidir el año siguiente con los mismos problemas, la misma falta de autenticidad de los últimos años y prácticamente los mismos protagonistas, pues los gobernadores y los alcaldes pasan, pero no pasan las directivas de hecho de las festividades, no siempre muy bien conocidas por el público, pues prefieren un “perfil bajo” para ejercer su dominio. 

Este año, además, se agudizó a extremos insufribles el problema de la inseguridad en el departamento del Huila. A pesar de los anunciados refuerzos de la policía (buena parte de los cuales tuvieron que ser enviados al Valle para la vigilancia de las elecciones atípicas), la inseguridad en el Departamento se disparó a niveles insospechados. No solamente en Neiva, donde el asunto pasó de castaño oscuro, aunque no todos los desafueros sufridos por los ciudadanos fueron denunciados, por lo cual las estadísticas oficiales muestran una inexistente mejoría, sino ahora en todo el Departamento, en poblados tradicionalmente pacíficos como Elías, o en ciudades más sofisticados como Garzón y La Plata, donde los problemas de orden público, causados por los participantes en cabalgatas o por inconformidad con los fallos de los jurados, llegaron a extremos no vistos hasta el momento, hasta el punto de que fue necesario imponer en algunos lugares el toque de queda para poder controlar el orden público. ¡La imagen de un Huila pastoril y tranquilo se derrumbó estruendosamente en este Sampedro! 

Es cuestión de cultura ciudadana, sí, como afirma el comandante de la Policía del Huila, pero también de la ausencia de autoridad. Y de la extensión de las fiestas, que duran más de dos semanas, lo que relaja la sociedad y desata los más bajos instintos. Por eso se hace necesaria una reingeniería seria de unas fiestas demasiado largas, demasiado improvisadas cada año, sin programas atractivos basados en el rico folclor del Huila, relegado en los últimos años a un lugar de segunda clase, y basados casi exclusivamente en músicas extrañas a la idiosincrasia huilense, y en el consumo de licores. Pero esto no lo harán los negociantes que se lucran del actual carnaval vallenato del sur en que han convertido el festival folclórico del Sampedro, al que le han quitado hasta el nombre original. ¿Podrá hacerlo este gobierno departamental a pesar de su interinidad? Sinceramente, lo dudamos. 

Tendremos que esperar otro, que acaso tenga más serios propósitos.